Lágrimas, tristeza, desconcierto e incredulidad es lo que se respiraba ayer en la plaza de Alcalá y en los representantes españoles enviados a Buenos Aires. La ilusión era muy alta, pero tal vez, demasiado y me explico. No se puede creer en un triunfo seguro. Nunca. Es la ley del juego, cuando uno arriesga puede perder. España se sintió superior a Turquía en todo momento -a Tokio se le respeto más- y los turcos nos ganaron en la votación de desempate. Por otro lado, tras los batacazos e inversiones realizadas para 2012 y 2016 creíamos que ahora venía el triunfo y así nos recuperaríamos anímicamente y económicamente. Ese ha sido uno de los máximos problemas, un desembolso económico que ahora no vemos que tenga recompensa, tal vez, hemos jugado por encima de nuestras posibilidades.
LÁGRIMAS EN BUENOS AIRES
En todo momento, la delegación española estaba segura de una victoria tranquila. Nuestro máximo rival era Tokio, quien finalmente salió vencedora con un proyecto fuerte e interesante. En la primera votación Tokio asignada con el número 2, Madrid con el 4 y Estambul con el 8 se jugaban un puesto en la final. Todo el mundo decía que era impensable quedarse fuera a las primeras de cambio. Sin embargo, así sucedió. Tokio ganó con solvencia frente a las candidaturas española y turca, que se fueron al desempate donde caímos por 49 a 45.
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| Jennifer Pareja tras conocer la noticia. |
Las esperanzas de muchos se desquebrajaron en ese momento. Las lágrimas de Jennifer Pareja y las palabras de Joel González eran el máximo ejemplo de lo que sí perdía España. Perdíamos unos juegos, pero sobre todo, una inyección para esos deportes minoritarios que contaban con mucho dinero si esto salía bien. Ahora habrá que remar, los deportes más humildes deberán salir adelante con los recursos que tienen y nosotros no pedir los éxitos del pasado ni mucho menos. El precio de esta crisis económica lo pagamos todos, o casi todos...
LOS JUEGOS DE AUSTERIDAD
La delegación española vendía unos Juegos Olímpicos 2020 de austeridad y sin gastos innecesarios. Ahora hay que ver si lo que vendían era verdad:
Estambul: 75 representantes enviados a Buenos Aires.
Tokio: 100 representantes
Madrid: 180 representantes
¿Si la ganadora con 100 ha podido representar bien a su candidatura por qué nosotros teníamos que mandar más? ¿Es esa la promesa de austeridad que íbamos a seguir? Creo que una vez más se nos ha visto el plumero y como dije arriba, la crisis la pagan "casi todos", pero nunca llega a quien debería llegar. En la candidatura de 2012, la crisis no era tan profunda y podía defender un gasto económico, pero en la de 2016 y en esta última, considero intolerable que se haya jugado con el dinero de millones de personas, que estén cerrando hospitales, que hayan niños estudiando en barracones, que en época de crisis las tasas universitarias y los billetes para el transporte no hagan más que subir, así cien cosas más. Siempre lo pagan los mismos. El problema es que con esta marcha, ni para 2020 hemos cambiado.


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