Probablemente sea uno de los pocos iluminados que no se han mofado de Sara Carbonero durante la pasada Eurocopa, con el famoso hagshtag "Gracias, Sara". Los chistes, insultos y faltas de respeto hacia la periodista de Telecinco han sido algo continuo en las redes sociales, mayoritariamente en twitter o facebook. Es triste que cuando nuestra selección gana estemos más dispuestos a meternos con una profesional que a disfrutar del triunfo, y sí, he escrito profesional, porque lo es, de los pies a la cabeza. Muchos la juzgan por ser la novia de Iker Casillas, ella llegó allí mucho antes de ser "la novia de", ella es simplemente Sara Carbonero. Otros la juzgan por su físico, no sabía que por ser una chica con un cuerpo bonito y una cara agradable se debía exigir más a esa periodista, esto es simplemente machista e incoherente.
Es cierto que Sara ha tenido algunas meteduras de pata, pero ¿y qué? Acaso un panadero, un obrero, un arquitecto, los políticos, un fontanero... no se equivocan. Lo cierto es que sí, pero ella está delante de las cámaras y el error se nota mucho más, es el riesgo que en ocasiones deben correr los periodistas. Es una profesión más dura de lo que parece y tristemente, mucho más dura para las chicas jóvenes y con un físico a su favor. Sara no es la única que está siendo juzgada día tras día, Lara Álvarez también ha tenido que sufrir las burlas de algunos indeseables que se creen graciosos, aunque en realidad, lo que sienten es envidia y poco más.
El hashtag "Gracias, Sara" se convirtió en Trending Topic mundial tras la tanda de penaltis contra Portugal. Ese día sentí la tristeza de ver como todo un país trataba de menospreciar y humillar a una periodista que solamente había tenido un error, pero cuando más indignación viví es cuando vi a algunos de sus compañeros de profesión lanzando algunos de esos chistes. Demasiada envidia se vive en ese mundo. Desde aquí, un pequeño blog de un estudiante de periodismo he tratado de poner mi granito de arena para que esta moda pare. Los periodistas deben estar abiertos a buenas y malas críticas, es cierto, pero nunca deberían sobrepasarse ciertos límites.
GRACIAS, SARA.

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