
La confianza se gana poco a poco. El mérito no reside en la persona que la da sino en la que se lo gana. Podemos conocer a una persona de años y no tener la certeza de que merece la pena contarle algo, pero estar 10 minutos con una persona y tener la necesidad de abrir tus sentimientos.
Hay momentos en los que gracias a las personas que nos rodean logramos salir de una dinámica un tanto negativa, triste o simplemente sin nada que valga la pena.
Personalmente admiro aquellas personas que logran tener siempre una sonrisa en la cara, pero para aquellos que los conocen, eso es imposible. Esa sonrisa puede esconder seguramente miedos e inseguridades. Este tipo de personas casi siempre tendrán palabras, gestos, miradas o simplemente un detalle, por minúsculo que sea, que nos ayudarán a sentirnos mejor, pero en contadas ocasiones nosotros le devolveremos esta ayuda.
Por eso debemos de mirar más allá, tratar de conseguir que esas personas confíen en ti, y sobretodo que esas personas sientan que son escuchadas, solo en ese momento lograrán sentirse tan especiales, como ellos te lo hacen sentir a tí.
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